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Qué no hacer en la mesa si no quieres parecer grosero

Muchos creen que la cortesía es cosa del pasado. En los restaurantes ya nadie se fija en cómo sostienes el tenedor o qué pones sobre la mesa. Pero eso no es del todo cierto. Las reglas no han desaparecido, simplemente dejaron de ser tan obvias.

Lo primero que nota un camarero es cómo una persona se sienta y qué hace con sus cosas. La servilleta debe ir directamente al regazo, sin prisas. Si viene con un anillo, este se coloca a la izquierda del plato. Es un detalle mínimo, pero se nota.

El bolso o la mochila no deberían ir sobre la mesa. Aunque sea grande y haya espacio. Debajo de la silla, en un gancho especial o junto a los pies: es más cómodo tanto para ti como para los demás.

El móvil merece mención aparte. En el mejor de los casos, no debería estar a la vista. Si esperas una llamada, mejor guárdalo en el bolsillo y no al borde del plato. Si suena, salir de la mesa es lo correcto. Pero sin anuncios. A nadie le interesa saber adónde vas ni por qué.

Siguiendo con el tema del móvil, hay que hablar de quienes se quedan pegados a la pantalla delante de los demás. Sin duda, los smartphones conectados a internet ofrecen un sinfín de entretenimientos. Especialmente hoy en día, cuando el iGaming se ha vuelto increíblemente popular. Al preparar este artículo, nuestros autores investigaron este mercado y se sorprendieron por su tamaño. Y después de encontrar más información sobre la cantidad de casinos online, todo cobró sentido. No abrirían tantos si no jugaran millones de personas. Esta popularidad no se debe solo al fácil acceso, sino también a los miles de juegos disponibles. Algunos son realmente adictivos. Pero aun así, es mejor resistir la tentación y no jugar en un restaurante. Como con cualquier otra actividad atrapante con el móvil en la mano.

La servilleta, el teléfono, la cuenta, el comensal de al lado — todos estos detalles influyen en la impresión que dejas. Puedes vestir bien, pedir un plato caro y aún así parecer torpe. O al contrario: comportarte con calma, seguridad y sencillez, y quedar como una persona con buenos modales.

El protocolo ayuda cuando no sabes cómo actuar. Especialmente en situaciones nuevas. Su objetivo no es complicar, sino facilitar. Y no se limita a cenas formales. Incluso en una hamburguesería hay matices.

Hay gestos que llaman la atención de inmediato. Como cuando alguien comenta en voz alta cuánto comió cada uno, quién pagará y por qué. Incluso entre amigos, discutir la cuenta en voz alta no es buena idea. Parece mezquino y crea tensión innecesaria.

También es un error forzar el pago. Uno quiere invitar a todos, otro se niega, un tercero discute con el camarero. Si quieres pagar, hazlo discretamente. Si no puedes, no insistas. Un gesto pensado para mostrar generosidad puede acabar pareciendo presuntuoso.

Existe también el extremo opuesto: cuando alguien se va antes de que llegue la cuenta, sin ofrecer siquiera pagar su parte. Ese gesto siempre se percibe como descortés, sin importar el tipo de restaurante.

Restaurante La Canica
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